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Malinchismo: cuando el 99% mestizo quiere verse como el 1% blanco

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Malinchismo: cuando el 99% mestizo quiere verse como el 1% blanco

En el DF nos recibió, por Couchsurfing, Lagina, nombre que no conocíamos y que nadie conoce: es invención de su padre. Hablaba tan veloz, al principio, que no podíamos seguir lo que decía. Él, deteniéndose con una risa, argumentaba que no era su culpa: la ciudad impone ese ritmo.

No es para menos: son veinticuatro millones de habitantes, hay protestas y tráfico en las calles, las personas marchan como hormigas en el mundo subterráneo del metro, el smog flota en el aire, incluso hay días en que los chicos no pueden ir a la escuela: deben esperar a que el sol disipe la contaminación. No está permitido caminar despacio, perderse o pedir calma; eso es atentar contra las reglas de juego del DF.

El problema radica cuando no se lo toma como un juego; más bien tan en serio que estresa, al punto de que no se puede desintegrar a la persona del personaje de ciudad: están arraigados, identificados, son uno, como si una vida sin estrés no fuera vida, como si el sacrificio y el dolor fueran indispensables para conseguir la esquiva felicidad.

El hombre que trabaja para darle un buen pasar económico a su familia, y lucha en pos de eso, sin pensar si el trabajo hace o no a su realización personal. La mujer que se cuida y se sacrifica para alcanzar la belleza: quiere que la vean bella, no importa que ella misma se sienta plena y radiante. El joven universitario que complace a sus padres estudiando Derecho, pero desea ser músico.

Y al que intenta aplacar la rutina contemplando un atardecer, se le dice: <<Hey, ¿qué pasa? ¿Por qué no haces algo?>> Hacer se limita a actividades que impliquen sacrificio o dolor. Nos sentimos culpables cuando no hacemos. Nunca alcanza, nunca es suficiente como para decir: ¡Basta, ya es tiempo de ver qué quiero, qué me gusta!

El cuentito del Pecado Original pareciera no ser un cuentito: nos ha calado hondo. Y las reglas de juego de ciudad se absorben como normas universales.

Luego de una jornada agitada de trabajo, en la que se nos fueron varios libros, Lagi, amante del cine independiente, nos llevó a vivir la enorme movida cultural del DF.

México DF: museo de Bellas Artes

Museo de Bellas Artes

Nos habló de Malincha, una indígena que en tiempos de la Conquista se puso del lado de los españoles y le ayudó a Cortés en la toma del territorio. Surgió el término <<Malinchismo>>, que viene a ser una suerte de preferencia por los blancos o los gringos. Los canales de televisión, las publicidades, las modelos, la definición que se tiene de <<lo bello>>, son una clara muestra de esto: las figuras que aparecen son de piel clara, a pesar de que en México predomina la población mestiza.

_ Yo viví en Europa –nos comentó Lagi- y allí nunca me hicieron problema cuando quise entrar a un bar o a un antro. Aquí, en mi propio país, muchas veces me negaron el ingreso por ser mestizo.

Policía a caballo en México DF

Policía de tránsito

Enseguida lo comprobamos, cuando de noche quisimos entrar a un lugar que sólo permite el ingreso con pantalón largo. Íbamos en cortos y a Lagina lo detuvieron; nosotros, por extranjeros, no tuvimos inconvenientes.

El sueño americano

Es común en México la migración al Norte, a los Estados Unidos. Gente que busca un mejor pasar económico, dólares para mandar a sus familias. Cruzar las fronteras es muy difícil, de ahí que la mayoría pase de ilegal. Individuos que conocen el trayecto y saben cómo esquivar la vigilancia, a base de organización, astucia, riesgo y disposición para larguísimas horas de caminata por la noche, entre campo abierto, cobran por pasar personas. Son los llamados Coyotes.

Conocimos a uno de ellos en el bus que tomamos para DF. Estaba sentado delante de nosotros y entre parada y parada, conversando, nos contó su trabajo:

_ Este grupo de personas –señaló un sector de algunos jóvenes, niños y ancianos- viene conmigo. Son de mi pueblo. Como he cruzado infinidad de veces, confían en mí. Pero saben que les espera una noche muy larga; van a tener que juntar mucha fuerza y resistencia.

En el grupo había una señora grande; nos preguntamos cómo iba a ser para soportar la marcha. Y el crío, en brazos de su madre, cómo haría para no llorar y alertar a los militares.

_ Todos buscan el sueño americano –transmití sin querer, en voz alta, mi pensamiento.

El Coyote asintió.

_ Aunque muchos van para juntarse con sus familias, la mayoría quiere dinero. Ven a Estados Unidos como la gloria, el país de los sueños, donde van a vivir tranquilos y en familia.

_ ¿No los discriminan allá? –quise saber.

Respondió que eran vistos como una categoría inferior; y al preguntarle por su impresión de tanta migración, el Coyote también hizo ahínco de su sueño americano.

Allá gana mucho más dinero que en su país y tiene más comodidades; pero trabaja diez horas de corrido, se agota, y su jefe lo discrimina y trata como a una mula. A él no le importa que en su chacra de México se esforzaba menos y disfrutaba más: <<Si en el Norte soy más rico>>. Elige el Norte, implora el Norte: acepta y forma parte de sus reglas de juego, que ya son sus reglas de vida.

Capítulo de Enlazador de Mundos I
(2009)

 

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