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La tertulia II: encuentros invernales en Valizas, Uruguay

Casita de madera en Valizas, Uruguay

Relatos de Viaje

La tertulia II: encuentros invernales en Valizas, Uruguay

La tertulia II: encuentros invernales en Valizas, Uruguay

La profe contó su historia de amor. Sensible por la nostalgia (¿o el orgullo herido?), interrumpía el relato cuando la lágrima se acumulaba en el ojo hasta casi rebalsar. La cuestión es que su pareja la engañaba. Ella al principio no quiso ver; mantenía la rutina en Valizas como si nada. Cuando no dio más lo habló, se enojó, pero lo perdonó.

-Al final –dijo-, ayudada por Ayo lo eché de la casa. Encima vivía de arriba.

Desde entonces nada, encuentros que no prosperaron, tipos que no la tomaban en serio. Dio su diagnóstico sin rencor:

-Las mujeres y los hombres no somos iguales. Para los hombres el sexo es un juego, les da lo mismo estar con vos o con otra. Pero la mujer en el fondo tiene la expectativa de que sea en serio. No sé, me parece algo hormonal: es que una ni sabe si está en su período de ovulación. Yo creo que la diferencia tiene que ver con procrear, con tener bebés. El hombre ni se da cuenta de eso. El hombre mete el animal y ya está, no compromete su cuerpo. Nosotras, en cambio, somos como una vasija.

La francesa Ayo se indignó. Ella podía salir con uno u otro sin darles mayor importancia. Tenía tanta libertad como los hombres de Valizas, La Paloma o Montevideo, manejaba sus límites y ponía los puntos, especialmente a los babosos que no valían dos pesos.

Miguel la tomó para el chiste:

-¡Mamita…! –la interrumpió-. Vos le cantás las cuarenta a cualquier pecho peludo que se te cruza en el camino.

Ayo aceleró la copa de vino. La jerga es escollo duro para cualquier extranjero. Le habló a la profe:

-A tus alumnas no les hagas ver que están para tener bebés, ¡eh!

Intervine:

-Bueno, pero entre los hombres y las mujeres hay diferencias, ¿no?

-Claro que las hay –contestó-. Pero son tendencias del género. Después cada uno es diferente, una puede estar más cerca de las características de un varón y al revés lo mismo.

-Yo seré una clásica –dijo la profe, siempre conciliadora-. Yo quiero hijos.

Esta vez no pudo contener la lágrima. Resbaló solitaria mientras negaba:

-Pero mientras no aparezca el hombre…

Hubo un silencio y después la charla se perdió en vulgaridades filosóficas: hablar desde uno era otra cosa.

Fue la última vez que los vi. Los guardaparques me esperaban. No era zona de acampe. Me echaron de las dunas.

Capítulo de Enlazador de Mundos II

 

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