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Inventar y resolver en Cuba: un segundo trabajo obligatorio cuando el legal rinde para 10 días, ¿y después?

Crónica de Cuba antigua

Relatos de Viaje

Inventar y resolver en Cuba: un segundo trabajo obligatorio cuando el legal rinde para 10 días, ¿y después?

Crónica de Cuba

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La escasez obliga a buscar alternativas al trabajo que concede el Estado. Si se quiere sobrevivir, nos dice un cubano, hay que inventar y resolver, dos de los verbos más usados en Cuba. Surge una suerte de contrapropismo que se desliza por fuera de la ley y que vincula, por no mencionar a todos, a la mayoría.

Un trabajador de una fábrica de tabacos nos murmura cómo resuelve. Se forra el cinturón con puros, como municiones, para esquivar al hombre de seguridad. Aunque éste no es ingenuo y, por hacer la vista gorda, recibe su recompensa. Ambos revenden entre conocidos.

A una cuadra de la plaza donde escribo hay una casa de puerta azul. Su dueña fabrica vino, lo vierte en botellas de ron y lo vende. Pasa lo mismo con la cerveza, que es un bien de lujo: se adquiere en CUC.

Y no muy lejos de la puerta azul, un muchacho tiene un anaquel donde esconde películas en DVD. Cuando anda bajo de clientes, se calza la mochila y golpea puerta por puerta, atento de que no merodee algún posible informante del Estado, y más allá de que uno u otro de sus compradores sean policías.

Vista panorámica de La Habana, Cuba

Un poco de fresco

Las bodegas que reparten los alimentos de la libreta a la población, a veces tienen envases de leche cerrados y con la mitad del contenido, o con un porcentaje graso distinto al adecuado. Los trenes transportan bolsas y bolsas de comida de una ciudad a otra, pero al llegar a destino alguna falta. Y Alberto, que trabaja en la bodega, no quiere ser menos: se lleva lo suyo.

Para levantar una pared o hacer un arreglo en la vivienda con cemento, se necesita el permiso del Estado. Muchos no quieren verse envueltos en largos trámites que se estiran meses, incluso años, y acuden al mercado negro: algún vecino tiene acceso al preciado cemento.

Entre empleados, encargados y supervisores se convienen números y se dibujan los controles. En las papelerías se filtra, por el conducto de la economía mixta, resma. Desaparecen jabón y shampoo en farmacias. Ropa en las textiles. Planchas de aluminio y cobre en los astilleros.

Unos empeñan. Otros prestan dinero a interés. Rómulo cuida autos por la noche y saca un dinerito extra por lavarlos, a escondidas de su jefe y los vigilantes. Alexis, un pintor que tiene patente para vender en la playa sus cuadros, también comercializa con las telas de sus colegas.

_ No sé muy bien cómo funciona el Capitalismo –comenta-. Pero entiendo que demanda se cubre con oferta. Yo resuelvo.

Músicos en la playa

Trabajadores con estilo

Economía subterránea y sólida

También están –y abundan- los que sacan provecho del turismo: se convierten, con la facilidad con que se cambian de ropa, en guías, músicos, comerciantes o mendigos. No faltan los que buscan una amistad interesada, a cambio de los vueltos del turista. Sin  trabajar, viven de prestado. Pueden estar en cualquier esquina.

La profesión más antigua del mundo, como cabía imaginar, no queda relegada. En una de cada tres mesas donde hay un extranjero, también hay una mujer perfumada, arreglada e insinuante. Seducen, embaucan y obtienen sus dividendos en divisas. Se las conoce como jineteras. No se trata de prostitutas convencionales. Muchas esconden su condición, algunas buscan los ingresos para comer, otras las comodidades de las que la población se ve excluida. Son el sostén de sus familias. Están quienes ejercen con la complicidad de sus maridos, que resuelven su economía con sus mujeres, y de paso se compran un carro.

Jineteras en Cuba

Los rumores sorprenden y alarman. En las familias hay tantos cubanos en el exterior como jineteras, oímos una y otra vez.

Un grupo de jóvenes sale tarde por medio a pescar. Unos pescados son para sus familias. El resto, a buen precio, para sus vecinos.

_ Trabajo de enfermero –dijo uno de ellos-. Resolvemos con la pesca, que es como nuestro segundo trabajo.

_ Más que “ser como”, es nuestro segundo trabajo –corrigió el amigo-. Pero para el Estado somos pescadores aficionados.

Los cubanos sostienen que es inevitable: el modo del pueblo de comer todos los días. Hay quienes contemplan este panorama como una ilegalidad que debe ser sancionada, a pesar de que ellos mismos pueden estar involucrados. Otros distinguen entre un robo al Estado y un trabajo decente que no hay motivos para condenar.

Rubén nos relató que cada noche ve cómo se trafica alimento para cerdo. Es un hombre de izquierda, antiguo militante, que se indigna frente a los tentáculos del mercado negro.

_ Para que comprendan dónde radica el verdadero problema, les voy a dar un ejemplo –empezó a argumentar-. Vivo en un barrio marginado. Una noche, un vecino arremetió con gritos al cielo. Al próximo que vea robarme una gallina del corral, le corto una mano, decía agitando un machete, le corto una mano y hablo en serio. Y continuó: En las bodegas del Estado se llevan todos los días cosas. Eso es del Estado, no me importa. ¿Pero que me roben a mí, a mí? Y siguió indignado un rato más. Ese mismo hombre que se desinteresa de lo que es del Estado porque cree que no le pertenece, después se golpea el pecho orgulloso y se autoproclama Revolucionario.

Capítulo de Enlazador de Mundos I
(2009)

 

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