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Historias de bomberos y fracaso del 911. Guatemala

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Relatos de Viaje

Historias de bomberos y fracaso del 911. Guatemala

Los bomberos, una vez más, nos recibieron en Antigua, que fue la Ciudad Capital de la región centroamericana en la época de la Conquista de América. Y, una vez más, nos facilitaron dos camas, como si fuéramos de los suyos.

_ ¿Por qué reciben viajeros? –quisimos saber.

_ Porque no nos representan ninguna molestia y, además, es otra forma de brindarnos a la comunidad. Siempre han sido buenas experiencias… salvo una… que no fue mala, más bien especial, rara. Un libanés, hace muchos años, que pasó con nosotros un mes entero. Era aviador. Viajaba por Latinoamérica como ustedes. Una muy buena persona. Muy religiosa: rezaba todos los días. Nos introdujo en sus creencias musulmanas, nos habló del Corán. Era muy mansito… Nunca creímos, cuando siguió viaje, que meses más tarde lo veríamos en televisión, con esposas, capturado al intentar cruzar a Estados Unidos.

En el cuartel, unos entraban, otro salían; trabajan en turnos de veinticuatro horas y van rotando las tareas. Nos explicaron que nos encontrábamos en Bomberos Voluntarios, y nos marcaron la diferencia con los Municipales.

_ Ellos reciben más dinero y más recursos del Municipio. Muchos habían empezado con nosotros, pero fueron quitados por mal desempeño. Aquí damos mejores cursos y prestamos más atención a la capacitación. Lástima que tengamos camiones de hace cuarenta años y que, por no llegar a cubrir los sueldos de los compañeros, debamos salir a pedir colaboración a los vecinos y organizar eventos de recaudación.

Se los ve relajados, con sentido del humor; pero cuando se dispara la alarma, abandonan con brusquedad sus quehaceres y responden de inmediato a la emergencia. Durante nuestra estadía, los hemos visto en acción. Nos maravilló el arrojo y el empeño con que se brindaban a su trabajo, pero uno nos quitó el encanto:

_ Ojalá lleguemos antes que Municipales y Cruz Roja –expresó.

_ ¿Qué cambia?

_ Las estadísticas indican quién hace más rescates y nos esforzamos por ser los número uno.

Más tarde hablamos con el Comandante, nos dijo que se había tratado de un accidente automovilístico: esto ocurre las más de las veces; casi nunca se los requiere para apagar un fuego. Le transmitimos nuestra inquietud por lo que el otro bombero había comentado; nos refirió:

_ Por más duro que sea, tengo que aceptar que al paciente se lo ve como a un trofeo. Es disputado por las tres entidades que mencionaron. El primero que llega donde el herido quiere ocuparse solo del asunto: no delega tareas. Lo cual se convierte en un problema, porque, combinando conocimientos, podemos ayudar de una mejor forma al paciente. Yo soy muy claro con mis bomberos: la prioridad es la víctima, no nuestro orgullo. En base a eso, decidimos en cada ocasión cómo proceder.

>>De a poco vamos cambiando las cosas, aunque no es sencillo. Hasta hace unos meses, llegaron a haber peleas en pleno operativo. Y no hablo de discusiones, que es algo de todos los días, también de golpes de puño. ¿Pueden creerlo? Imagínense un herido que necesita atención urgente, y Voluntarios y Municipales, en vez de atenderlo, se dan unos a otros. Una situación intolerable, que yo no puedo permitir. Las amenazas, los castigos y las sanciones ayudan a conseguir la calma; pero el verdadero cambio está en la educación de los bomberos. De ahí nuestro compromiso con la capacitación.

_ ¿Se usa el 911 ante una emergencia? –preguntamos.

_ Se había puesto en funcionamiento, pero fracasó. Había tres operadores: uno de la Cruz Roja, un Voluntario y un Municipal. Según quién contestara el teléfono, mandaba a sus compañeros. No importaba si había un cuartel más cercano al incidente…

_ Lo importante era hacerse con el trofeo –completamos.

Bomberos con el fuego controlado

Otro bombero, que escuchaba, narró cuando de pequeño soñaba con ser lo que es hoy.

_ Con los años tuve que conciliar ese idilio con lo que en verdad ocurre. Es un choque constante con sangre, gritos y muerte. Personas que, cuando llego, ya no respiran. Otras que mueren en la ambulancia, en mis brazos. Y otras que, uno sabe, quedarán con alguna deficiencia física. Cuando empecé en esto, las primeras noches no podía dormir. Debí dejar a un lado los sentimientos, enfriar el corazón. De este modo evito paralizarme.

Este muchacho, robusto, de unos veinticinco años, ya lleva ocho en los bomberos. Nos relató la experiencia más dura de su vida:

_ Una noche en que acudí a una emergencia, antes de hallar al paciente, vi a mi tía de rodillas, desconsolada, llorando. No entendí lo que pasaba, o tal vez no quise darme cuenta. En el suelo yacía tendido mi primo, el rostro cubierto de sangre. Estaba muerto. Mientras cumplía los pasos que debe seguir un bombero, me resistía a que me venciera la situación. Quería derrumbarme y llorar junto a mi tía, pero una fuerza interior me mantenía de pie.

>>Esa fuerza interior, entendí, es la que me permite ser un bombero. Como en cualquier trabajo o empresa, se esconden problemas, desaparece dinero y tienen lugar absurdas competencias. Descubrir esto me había hecho pensar en desistir. Hoy sé que es mi vocación, mi cuota de ayuda a la humanidad. No puedo cambiar solo el mundo, por más que quiera: hay fuerzas que desbordan mi voluntad. Pero puedo, y no es poco, aportar mi parte. Yo doy mi granito de arena.

Capítulo de Enlazador de Mundos I
(2009)

 

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